Mycoplasma bovis es uno de esos problemas que pueden estar presentes en una explotación sin hacer demasiado ruido al principio, pero que terminan complicando mucho la sanidad de los terneros, la enfermedad respiratoria bovina y, en algunos casos, también la mamitis y la calidad de la leche. No siempre aparece solo, no siempre da síntomas claros y, cuando se cronifica, suele responder mal a los tratamientos. Por eso conviene entenderlo como un problema de granja, no solo como una infección individual de un animal concreto.
En este artículo reunimos las ideas más útiles para el ganadero: cómo entra en la explotación, por qué se transmite con facilidad, qué síntomas deben ponernos en alerta, cómo se diagnostica y qué medidas de manejo ayudan a reducir su impacto. El objetivo no es sustituir el trabajo del veterinario, sino ayudar a interpretar mejor lo que ocurre en la granja y a ordenar las decisiones sanitarias con criterio.
1. Qué es Mycoplasma bovis y por qué preocupa tanto
Mycoplasma bovis es una bacteria peculiar. A diferencia de muchas bacterias habituales, no tiene pared celular. Este detalle, que parece puramente microbiológico, tiene consecuencias prácticas muy importantes: los antibióticos que actúan sobre la pared bacteriana, como los betalactámicos, no son útiles frente a este patógeno. Además, su comportamiento suele ser persistente, con tendencia a cronificarse y a esconderse dentro de problemas respiratorios más amplios.
En vacuno, M. bovis se asocia sobre todo con neumonía, otitis media, artritis, mamitis y, en algunos casos, problemas reproductivos. En terneros y animales de recría aparece con frecuencia dentro del complejo de la enfermedad respiratoria bovina, donde puede actuar junto a virus y otras bacterias. Esa combinación hace que el cuadro clínico sea más difícil de interpretar: el animal parece tener una neumonía más, pero la evolución es lenta, el tratamiento no da el resultado esperado y algunos casos terminan en animales crónicos, retrasados o con cojeras severas.
En granjas de leche, además del impacto en la recría, el problema puede tener una segunda cara: la transmisión a través de leche contaminada y la posibilidad de casos de mamitis por micoplasma. Una vaca que elimina micoplasmas por la leche puede convertirse en una fuente de infección para muchos terneros si esa leche se utiliza para alimentación sin un control adecuado. Por eso, cuando se habla de Mycoplasma bovis, no basta con mirar solo a los terneros enfermos: hay que revisar el conjunto del sistema, desde la entrada de animales hasta el manejo de calostro, leche, lotes y material de alimentación.
2. La relación con la enfermedad respiratoria bovina
La enfermedad respiratoria bovina, o ERB, no suele tener una única causa. En muchos brotes participan virus respiratorios, bacterias oportunistas, estrés, mezcla de animales, transporte, cambios de alimentación, mala ventilación, densidad excesiva y fallos de encalostrado. Mycoplasma bovis se suma a este escenario como un agente especialmente incómodo porque puede agravar, prolongar y cronificar los cuadros respiratorios.
En una neumonía respiratoria clásica, el ganadero suele esperar una respuesta relativamente rápida al tratamiento cuando se detecta pronto. Con M. bovis esa expectativa muchas veces no se cumple. Los animales pueden mejorar parcialmente, recaer, quedar retrasados o desarrollar lesiones pulmonares crónicas. En cebaderos y recrías, esto se traduce en peor ganancia media diaria, más días de tratamiento, más bajas, más animales apartados y una sensación de que “algo no acaba de limpiarse” en el lote.
Un punto importante es que Mycoplasma bovis puede estar presente en vías respiratorias de animales aparentemente sanos. Por eso, encontrarlo en una muestra no siempre significa que sea el único responsable del problema. El diagnóstico debe interpretarse junto con los síntomas, la historia del lote, la edad, las lesiones, la respuesta a tratamientos y la presencia de otros patógenos. Aun así, cuando aparecen neumonías crónicas, mala respuesta terapéutica, otitis o artritis, el micoplasma debe entrar claramente en el diagnóstico diferencial.
3. Cómo entra y cómo se transmite en la explotación
La principal vía de entrada en muchas explotaciones es la introducción de animales infectados, incluidos animales portadores sin signos claros. Esta es una de las razones por las que la compra de animales, la mezcla de orígenes y la ausencia de cuarentena pueden aumentar el riesgo. Un animal aparentemente normal puede estar eliminando el patógeno y sembrarlo en un lote sensible.
Una vez dentro, las vías de transmisión son varias y conviene repasarlas porque de ellas dependen las medidas de control:
- Leche y calostro contaminados. En terneros de leche, la leche es una vía de transmisión muy relevante. Una sola vaca eliminadora puede infectar a numerosos terneros si su leche se utiliza para alimentar grupos completos.
- Secreciones respiratorias. El contacto estrecho entre animales favorece la transmisión por aerosoles y por secreciones de animales infectados, especialmente en lotes con mala ventilación o alta densidad.
- Secreciones vaginales y contacto al nacimiento. Los terneros pueden infectarse durante el parto o en los primeros momentos de vida por contacto con la madre o con otras vacas adultas.
- Material de alimentación. Cubos, tetinas, sondas, carros de leche y otros utensilios pueden facilitar la difusión si se comparten entre corrales sin limpieza y desinfección adecuada.
- Ambiente contaminado. Aunque carece de pared celular, M. bovis puede persistir en determinadas condiciones, especialmente protegido en materia orgánica y biofilms. Esto obliga a tomarse en serio la limpieza real, no solo el aclarado superficial.
La transmisión rápida en terneros explica por qué en algunas granjas la infección parece “correr” por la recría. Si los terneros se alimentan con leche infectada, comparten tetinas o permanecen en corrales con contacto estrecho, el patógeno puede colonizar muy pronto el tracto respiratorio superior. A partir de ahí, algunos animales enfermarán y otros quedarán como portadores o eliminadores intermitentes.
4. Qué provoca la bacteria Mycoplasma bovis
La bacteria puede provocar distintos cuadros clínicos según la edad del animal, la vía de entrada, el estado inmunitario, el manejo y la presencia de otros agentes. No debe verse solo como una “bacteria de neumonía”. En vacuno puede estar implicada en varios procesos:
- Neumonía y enfermedad respiratoria, especialmente en terneros, recría y cebadero.
- Otitis media, con dolor, orejas caídas, sacudidas de cabeza o signos nerviosos asociados a afectación del nervio facial.
- Artritis y tenosinovitis, con articulaciones inflamadas, cojeras y animales que se desplazan mal o dejan de acudir al comedero.
- Mamitis clínica o subclínica, en vacas de distintas edades y fases de lactación, incluyendo novillas y vacas secas.
- Problemas reproductivos, queratoconjuntivitis, meningitis o abscesos en algunos casos menos frecuentes.
La característica práctica más frustrante es su tendencia a generar problemas crónicos. No hablamos solo del ternero que tose hoy. Hablamos del ternero que no termina de recuperarse, que queda retrasado, que consume recursos, que se convierte en fuente de infección y que puede terminar siendo un animal de bajo rendimiento o de descarte.
5. Síntomas respiratorios: qué debe vigilar el ganadero
Los signos respiratorios por Mycoplasma bovis no son exclusivos. Se parecen a los de otros procesos de enfermedad respiratoria bovina. Por eso el ganadero no puede diagnosticar micoplasma solo mirando al animal. Sin embargo, sí hay patrones que deben levantar sospecha, sobre todo cuando se combinan varios de ellos.
En la fase respiratoria pueden aparecer fiebre, disminución del apetito, depresión, descarga nasal, tos, respiración rápida, dificultad respiratoria y pérdida progresiva de condición. En casos más avanzados se observa una disnea más marcada, animales que respiran con esfuerzo, retraso de crecimiento y mala ganancia de peso.
El dato que más orienta no es un síntoma aislado, sino la evolución: cuadros que se alargan, animales que recaen, neumonías que no responden como deberían, lotes con muchos tratamientos repetidos o terneros que pasan de un problema respiratorio inicial a un estado crónico. En esos casos, pensar en M. bovis ayuda a no insistir a ciegas con el mismo enfoque.
6. Otitis y artritis: dos señales que cambian la lectura del problema
La otitis media asociada a Mycoplasma bovis se observa especialmente en animales jóvenes. Puede pasar desapercibida al principio si solo se busca tos o fiebre. El animal puede mostrar dolor, sacudir la cabeza, rascarse o frotarse las orejas, presentar una o ambas orejas caídas, tener menor apetito y mostrarse deprimido. En casos más avanzados puede haber descarga purulenta por el oído o signos de afectación del nervio facial.
La artritis es otra manifestación importante. Puede aparecer junto con neumonía o después de un proceso respiratorio. El ganadero puede observar cojeras, inflamación de articulaciones, dolor, dificultad para levantarse o animales que se quedan atrás y no compiten bien por el alimento. En cebaderos se ha descrito el síndrome de neumonía crónica y poliartritis, muy costoso porque combina mal rendimiento, tratamientos repetidos, bienestar comprometido y altas probabilidades de descarte.
Cuando un lote presenta respiratorio más cojeras o respiratorio más otitis, conviene avisar al veterinario y tomar muestras con criterio. Es uno de los escenarios en los que el micoplasma pasa de ser una posibilidad más a una sospecha sanitaria seria.
7. Mamitis por Mycoplasma bovis y calidad de la leche
En vacas adultas, Mycoplasma bovis también puede aparecer asociado a mamitis. Este punto es especialmente importante en explotaciones lecheras porque une tres problemas: salud de la vaca, calidad de la leche y riesgo para la recría si se utiliza leche contaminada para alimentar terneros.
La mamitis por micoplasma puede afectar a vacas en distintas lactaciones y también se ha descrito en novillas y vacas secas. En la práctica, puede manifestarse con alteraciones de la leche, inflamación de uno o varios cuartos, caída de producción y elevación de células somáticas. En algunos casos puede haber afectación de varios cuartos o casos con mala respuesta al tratamiento intramamario convencional.
Desde el punto de vista de la calidad de la leche, cualquier proceso de mamitis compromete la producción, el recuento celular y el valor tecnológico de la leche. Cuando además existe eliminación de M. bovis, la leche deja de ser solo un producto alterado: puede convertirse en una vía de diseminación para los terneros. Por eso es fundamental no alimentar terneros con leche procedente de vacas sospechosas o positivas sin valorar previamente el riesgo con el veterinario.
La vigilancia de leche de tanque, el seguimiento de células somáticas, el cultivo o PCR en casos de mamitis raras o de mala respuesta, y la trazabilidad de la leche destinada a terneros son herramientas de control muy útiles. En granjas donde el problema respiratorio en terneros es recurrente, no hay que olvidar revisar también qué leche están tomando y de qué vacas procede.
8. Lesiones y por qué algunos casos se hacen crónicos
Las lesiones respiratorias asociadas a M. bovis pueden ser muy características en necropsia. Se describen bronconeumonías crónicas con focos de necrosis caseosa, de aspecto seco, que pueden observarse al cortar el pulmón. Aunque este tipo de lesión orienta mucho, el diagnóstico definitivo requiere laboratorio.
La cronificación se explica por varios factores. M. bovis puede variar sus proteínas de superficie, formar biofilms, persistir en mucosas, participar en infecciones mixtas y mostrar una sensibilidad limitada a muchos antimicrobianos. Además, cuando el diagnóstico se retrasa, el tratamiento llega tarde, las lesiones pulmonares ya están establecidas y el animal tiene menos posibilidades de recuperación completa.
Por eso, en micoplasma el tiempo importa. No se trata de tratar más, sino de detectar antes, confirmar mejor, separar correctamente, revisar el manejo y decidir con el veterinario qué animales tienen opción real de recuperación y cuáles están entrando en una fase crónica con mal pronóstico.
9. Diagnóstico: qué muestras tienen más sentido
El diagnóstico de Mycoplasma bovis debe ser laboratorial. La clínica orienta, pero no confirma. En animales vivos, las muestras dependerán del cuadro predominante. En neumonía se utilizan hisopos nasales profundos, lavados broncoalveolares o muestras respiratorias tomadas correctamente. En artritis puede estudiarse líquido sinovial. En mamitis, leche de tanque y/o leche de animales afectados. En animales muertos, la necropsia permite enviar pulmón con zona lesionada y zona sana, hisopos de tráquea, lavado pulmonar o fluido articular.
Las técnicas más utilizadas son cultivo, PCR, ELISA y, en tejidos, inmunohistoquímica. La PCR tiene la ventaja de ser rápida y sensible si la muestra está bien tomada. El cultivo requiere medios especiales y puede tardar más. La serología por ELISA permite valorar exposición del rebaño y puede ser útil cuando los anticuerpos se mantienen detectables durante meses, especialmente si ya se han administrado tratamientos que dificultan el aislamiento.
Lo importante es evitar dos errores frecuentes. El primero es no tomar muestras y seguir tratando a ciegas. El segundo es tomar una muestra inadecuada, en mal momento o sin interpretación de conjunto. Para que el diagnóstico ayude, debe responder a una pregunta concreta: ¿hay M. bovis en este lote?, ¿está implicado en estos casos crónicos?, ¿existe eliminación por leche?, ¿hay que modificar el manejo de terneros?, ¿tenemos un problema de entrada de animales?
10. Tratamiento: por qué no siempre funciona como esperamos
El tratamiento de Mycoplasma bovis debe decidirlo siempre el veterinario responsable de la explotación. No conviene reducir el problema a una lista de antibióticos porque la eficacia depende del momento de detección, la localización de la infección, la gravedad de las lesiones, la sensibilidad del aislamiento, el estado del animal y las restricciones legales de uso de medicamentos en cada país y sistema productivo.
Dicho esto, hay principios generales que ayudan a entender por qué cuesta tanto controlarlo. Al no tener pared celular, M. bovis no responde a antibióticos que actúan sobre esa estructura. Además, muchos antimicrobianos con actividad frente a micoplasmas son más eficaces cuando el proceso se detecta pronto, antes de que haya lesiones crónicas importantes. En animales con neumonía avanzada, poliartritis o deterioro severo, la respuesta puede ser pobre incluso con un planteamiento correcto.
El tratamiento individual debe ir acompañado de decisiones de manejo. Separar animales afectados, reducir la presión de infección, mejorar ventilación, evitar mezcla de edades, revisar leche de alimentación y detectar portadores puede ser tan importante como el medicamento. En brotes, la estrategia debe ser de rebaño, no solo de jeringa.
También hay que considerar el uso prudente de antibióticos. La literatura técnica describe resistencia o disminución de sensibilidad frente a distintas familias antimicrobianas en M. bovis. Por eso, insistir con tratamientos repetidos sin diagnóstico ni evaluación del resultado puede aumentar costes, empeorar la selección de resistencias y no resolver el problema de base.
11. Medidas de control en granjas de leche
En explotaciones de leche, el control debe empezar por la recría, pero no terminar ahí. La relación entre vacas adultas, leche, terneros y ambiente es clave. Estas son las medidas que suelen tener más impacto práctico:
- Revisar la leche que reciben los terneros. Evitar leche de vacas con mamitis, leche de vacas sospechosas o leche de animales positivos. Valorar pasteurización y protocolos claros de uso de leche de descarte.
- Higienizar correctamente cubos, tetinas, sondas y carros de leche. El aclarado rápido no es suficiente si queda materia orgánica o biofilm.
- Separar terneros por edades y reducir el contacto nariz con nariz entre animales sanos y enfermos.
- Asegurar calostrado correcto. Un ternero mal encalostrado es más vulnerable a ERB y a complicaciones posteriores.
- Mejorar ventilación y cama. Aire cargado, humedad y cama sucia aumentan presión respiratoria e infecciosa.
- Registrar casos. No basta con tratar: hay que saber edad de aparición, lote, tratamiento, recaídas, bajas y evolución.
- Controlar mamitis atípicas. Casos de mala respuesta, varios cuartos afectados o brotes raros deben investigarse con laboratorio.
- Revisar entradas de animales. Cuarentena, historial sanitario y pruebas cuando proceda son medidas de prevención esenciales.
12. Medidas de control en cebaderos y recría
En cebaderos, centros de recría o lotes con animales de distintos orígenes, el riesgo cambia. El transporte, la mezcla, el estrés y la entrada de animales ya colonizados favorecen la aparición de ERB. En estos sistemas, el micoplasma puede extenderse rápido y combinarse con otros agentes respiratorios.
Las medidas prioritarias son recepción ordenada, observación diaria, detección precoz, lotes estables, reducción de estrés, densidades razonables, ventilación adecuada y protocolos de tratamiento basados en diagnóstico. Cuando aparecen muchos crónicos o animales con respiratorio y cojeras, conviene revisar el enfoque completo: no solo qué se trata, sino cuándo se detecta, cómo se agrupan los animales, qué origen tienen, qué vacunas reciben, cómo se maneja el primer periodo tras la entrada y qué necropsias o muestras se están tomando.
Un buen registro de entradas, origen, fecha de síntomas, temperatura, tratamientos, recaídas y bajas permite ver patrones. Muchas veces, el problema no se entiende por un caso individual, sino cuando se mira el lote completo.
13. Cuándo sospechar especialmente de Mycoplasma bovis
No todos los catarros de terneros son micoplasma. Pero hay situaciones en las que conviene ponerlo sobre la mesa con rapidez:
- Neumonías que evolucionan a crónicas o que responden mal al tratamiento habitual.
- Terneros con respiratorio y posteriormente cojeras o articulaciones inflamadas.
- Otitis, orejas caídas, dolor de oído o sacudidas de cabeza en animales jóvenes.
- Brotes de ERB en recría con animales retrasados y múltiples recaídas.
- Mamitis de mala respuesta, especialmente si afecta a varios cuartos o aparece en varias vacas.
- Uso de leche de descarte o leche de vacas con mamitis para alimentar terneros.
- Introducción reciente de animales sin cuarentena o mezcla de múltiples orígenes.
Cuando aparecen estas señales, el veterinario puede plantear un plan de muestreo. El objetivo no es “buscar por buscar”, sino confirmar si el micoplasma está participando y decidir medidas concretas.
14. Plan práctico de actuación en la explotación
Un plan realista puede ordenarse en cuatro pasos:
- Confirmar la sospecha. Revisar historia clínica, edad de aparición, lotes afectados, tratamientos, respuesta y bajas. Seleccionar animales representativos para toma de muestras.
- Cortar vías de transmisión. Separar enfermos, revisar leche de alimentación, limpiar material, reducir contacto entre lotes y mejorar ventilación.
- Revisar el protocolo terapéutico. Ajustar el tratamiento con el veterinario según diagnóstico, fase del proceso, pronóstico y normativa. Evitar tratamientos repetidos sin criterio.
- Prevenir recaídas. Controlar entradas, mejorar registros, revisar calostro, higiene, densidades, cama, ventilación y manejo de animales crónicos.
El éxito no depende de una sola medida. Mycoplasma bovis obliga a trabajar como sistema: diagnóstico, manejo, bioseguridad, tratamiento prudente y seguimiento. Cuando una de estas patas falla, el problema puede mantenerse aunque se trate una y otra vez.
15. Preguntas y respuestas
¿Cuál es el tratamiento para el Mycoplasma en bovinos?
El tratamiento debe establecerlo el veterinario de la explotación. Mycoplasma bovis no tiene pared celular, por lo que los antibióticos que actúan sobre esa estructura no son eficaces frente a este agente. En la práctica se valoran antimicrobianos con actividad frente a micoplasmas, pero la respuesta depende mucho de la detección temprana, el estado del animal, la localización de la infección y la posible resistencia. En cuadros crónicos, neumonía avanzada, artritis o animales muy deteriorados, la respuesta puede ser limitada.
Por eso el tratamiento no debe plantearse de forma aislada. Debe acompañarse de diagnóstico, separación de animales afectados, revisión de la leche suministrada a terneros, mejora de ventilación, limpieza de material y control de entradas. Tratar sin corregir las vías de transmisión suele dar malos resultados.
¿Cuáles son los síntomas del micoplasma en el ganado bovino?
Los síntomas dependen de la forma clínica. En la forma respiratoria pueden observarse fiebre, tos, descarga nasal, respiración rápida, dificultad respiratoria, depresión, falta de apetito y mala ganancia de peso. Cuando el proceso se cronifica, los animales pueden quedar retrasados y responder mal a los tratamientos.
También pueden aparecer otitis, con orejas caídas, dolor, sacudidas de cabeza o descarga por el oído; artritis, con articulaciones inflamadas y cojera; y mamitis, con alteraciones de leche, inflamación de cuartos, caída de producción y aumento de células somáticas. La combinación de respiratorio con otitis o cojeras es especialmente sugestiva de participación de M. bovis.
¿Cuáles son los síntomas de la micoplasmosis bovina?
La micoplasmosis bovina puede manifestarse como neumonía, otitis media, artritis, mamitis, queratoconjuntivitis y, en algunos casos, problemas reproductivos. En terneros y cebaderos predominan los cuadros respiratorios, a menudo crónicos, y las complicaciones como otitis o poliartritis. En vacas adultas puede aparecer mamitis por micoplasma, con impacto directo en la calidad de la leche y con riesgo de transmisión si esa leche se utiliza para alimentar terneros.
No existe un síntoma único que permita confirmar la enfermedad. La sospecha se refuerza cuando hay mala respuesta al tratamiento, recaídas, animales crónicos, cojeras asociadas a neumonía o brotes en terneros alimentados con leche de riesgo. La confirmación requiere diagnóstico laboratorial.
¿Qué provoca la bacteria Mycoplasma?
En bovino, Mycoplasma bovis puede provocar enfermedad respiratoria, neumonía crónica, otitis, artritis, mamitis y otros cuadros menos frecuentes. Su importancia no está solo en lo que provoca directamente, sino en cómo complica procesos ya existentes. Dentro de la enfermedad respiratoria bovina puede actuar junto a virus y otras bacterias, haciendo que los casos sean más persistentes y difíciles de resolver.
Además, puede transmitirse por leche, secreciones respiratorias, contacto estrecho, material contaminado y animales portadores. Esta capacidad de mantenerse y diseminarse en la explotación hace que el control dependa tanto del manejo y la bioseguridad como del tratamiento individual.
Conclusión
Mycoplasma bovis es un enemigo incómodo porque rara vez se comporta como un problema simple. Puede entrar con animales portadores, transmitirse por leche o secreciones, complicar la enfermedad respiratoria, generar otitis y artritis, afectar a la calidad de la leche mediante mamitis y dejar animales crónicos con mal pronóstico.
La respuesta más eficaz no es esperar a que el problema se haga evidente, sino trabajar con prevención, diagnóstico temprano y manejo ordenado. Revisar la alimentación de terneros, controlar la entrada de animales, mejorar la higiene del material, separar enfermos, usar el laboratorio con criterio y registrar bien los casos son medidas que ayudan a recuperar el control.
En definitiva, frente a Mycoplasma bovis conviene pensar menos en “un tratamiento” y más en “un plan de granja”. Ese cambio de enfoque es el que permite reducir pérdidas, mejorar bienestar y proteger la productividad del rebaño.
Fuentes consultadas
Con Sentido Vacuno / Zoetis España. “Transmisión, síntomas y diagnóstico de Mycoplasma bovis en el ganado”. Publicado el 1 de octubre de 2024. https://www.blog.consentidovacuno.es/posts/transmision-sintomas-diagnostico-de-mycoplasma-bovis.aspx
MSD Veterinary Manual. “Bacterial Pneumonia Due to Mycoplasma bovis Infection in Cattle”. Revisado en diciembre de 2022 y modificado en septiembre de 2024. https://www.msdvetmanual.com/respiratory-system/infectious-respiratory-system-diseases-in-cattle/bacterial-pneumonia-due-to-mycoplasma-bovis-infection-in-cattle
Lysnyansky I. y Ayling R.D. “Mycoplasma bovis: Mechanisms of Resistance and Trends in Antimicrobial Susceptibility”. Frontiers in Microbiology, 2016. https://www.frontiersin.org/journals/microbiology/articles/10.3389/fmicb.2016.00595/full
Nota editorial: este documento está redactado como contenido divulgativo para blog. Las decisiones de diagnóstico, tratamiento y uso de medicamentos deben tomarse siempre con el veterinario responsable de la explotación y conforme a la normativa vigente.

